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COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR LATINOAMERICANO

mario-arancibia @ 01:13

. Introducción .-

La problemática básica de las entidades financieras latinoamericanas , su vulnerabilidad frente a las crisis, las limitaciones a su potencial desarrollo, etc., está indisolublemente ligada con las características estructurales de la macroeconomía de los países del subcontinente.Los principales problemas que éstas enfrentan las Entidades Financieras son: inestabilidad del fondeo, carencia de instrumentos para financiar el largo plazo, regulaciones prudenciales pro cíclicas, etc., y se sugieren políticas sectoriales al respecto. En los últimos años el crecimiento económico de América Latina, como acertadamente señala la Memoria del BID del 2002, “ha estado estrechamente asociado al comportamiento de los flujos de capitales externos” que según aclara “ha sido muy inestable”. El ritmo de crecimiento más alto hoy se encuentra en la Argentina, pero ello se explica por una recuperación parcial de la severísima depresión de 2002 que había sido precedida por varios años de recesión.

Brasil y México exhibirán en el 2003 tasas bajas de incremento del PBI, en tanto que las de Colombia, Perú y Chile resultarán levemente superiores, mientras que Venezuela continúa en profunda recesión. Entre los aspectos positivos se cuentan la mejoría de la situación financiera internacional y la regularización progresiva de la Argentina, como la estabilización del Brasil. En materia cambiaria y de inflación también se evidencia una mayor estabilidad regional. En contraposición, desde el punto de vista social, otro informe de la CEPAL consigna que el proceso de superación de la pobreza se ha estancado en los últimos cinco años. México y Ecuador han sido los únicos países en los que se observaron progresos en la materia. En el 2002 se estimaba en 220 millones el número de latinoamericanos que vivían en la pobreza, o sea el 43 % de la población. Para el 2003 los desempleados ascenderían a 13,6 millones de personas, lo que implica que la oferta laboral tiene bajo dinamismo. En este contexto económico y social las entidades financieras latinoamericanas deben desarrollar su actividad.

2. Rasgos estructurales de los sistemas financieros de América Latina

La primera cuestión a dilucidar es si tiene sentido caracterizar América Latina como una Región exclusivamente desde la perspectiva de los sistemas financieros, vale decir dejando de lado la geografía, el común origen histórico y otros aspectos que son relevantes en los planos políticos y culturales. En otras palabras, si los sistemas financieros nacionales difiriesen mucho entre sí, carecería de sentido buscar las características estructurales de un hipotético sistema financiero regional. España (2) y al que seguiremos a lo largo de esta sección, pone luz sobre el punto. En efecto, la investigación estuvo basada en el análisis de dos variables principales:1) el grado de desarrollo del mercado financiero definido técnicamente como la relación entre pasivos financieros y PBI.2) ingreso pro capite. Se identificaron así cinco grupos principales de países en el concierto mundial.

El primero por su mayor grado de desarrollo financiero, está integrado por los EE.UU. y Japón. El segundo lo forman países de la Unión Europea, Canadá y los centros financieros de Asia.

El tercero incluye principalmente naciones europeas y asiáticas. El cuarto, otras naciones europeas y el quinto las de América Latina y las restantes de Asia y de Europa del Centro y Este. Este último grupo, el de las denominadas economías “emergentes”, – señalan los autores del trabajo – es el más homogéneo. En particular, se aprecia un alto grado de homogeneidad en los diversos países de América Latina, (con dos únicas excepciones: Panamá y Chile), por lo que ésta si puede legítimamente caracterizarse como Región.

A esta homogeneidad observada en el grado de desarrollo de sus sistemas financieros, los investigadores citados suman algunas características macroeconómicas en común que subyacen al fenómeno; las economías latinoamericanas se han mostrado más volátiles que las del resto del mundo en la última década, la inflación ha sido manifiestamente mayor que el promedio mundial y la tasa de ahorro, inferior. Al efectuar el relevamiento de los sistemas financieros de América Latina, en el trabajo citado se efectúa una interesante comparación con la de los otros mercados regionales emergentes: Asia y Europa del Este, que pasamos seguidamente a resumir.

a) Tamaño

Adoptando como definición de tamaño de los sistemas financieros (entendidos éstos en sentido amplio, es decir no limitándolos al sector de intermediarios crediticios sujetos al control del Banco Central o autoridad equivalente) la relación entre la sumatoria de pasivos líquidos de las entidades financieras, capitalización bursátil y emisión de bonos sobre producto bruto interno, se concluye que:

i) El tamaño del sistema financiero de América Latina es inferior a lo que podría esperarse en función del ingreso pro capita, rasgo en común con las restantes regiones emergentes.

ii) El tamaño del sistema financiero latinoamericano es comparable al de Europa del Este y sensiblemente inferior al asiático. Antes de la crisis que afectó al Sudeste Asiático y Corea, el sistema de este grupo de países era tres veces mayor al de América Latina y luego de la crisis, la proporción disminuyó, pero de modo moderado.

iii) Dentro del sistema financiero, tanto en América Latina como en Europa del Este, tiene preponderancia el subsistema bancario. En Asia en cambio, desde los 80 la situación varió por el desarrollo del mercado bursátil y en menor medida por el del mercado de bonos.

3. Principales problemáticas de las entidades financieras en América Latina.

En la introducción hemos someramente mencionado el marco macroeconómico de desenvolvimiento de las entidades financieras que al haber sido contractivo en los últimos años, impone condicionantes para la expansión de su actividad.

En el punto 2 hemos visto, también de modo muy esquemático, los rasgos característicos de los sistemas financieros de nuestra Región: reducido tamaño en relación con los de otras regiones emergentes comparables, elevadas tasas activas y amplios márgenes de intermediación, limitada capacidad de asistencia al sector privado, cortoplacismo en las operaciones, vulnerabilidad frente a las crisis, etc.

Todos esos rasgos principales tienen su explicación profunda en las características dominantes en las respectivas economías, por lo que también configuran para el sector financiero restricciones a su desarrollo externas al mismo. Empero aunque no todos, algunos de aquellos problemas y otros principales que padecen las instituciones crediticias en América Latina, pueden ser abordados mediante políticas sectoriales, comprendiendo éstas tanto acciones emprendidas por la autoridad monetaria como por las propias entidades financieras, las que seguidamente pasamos a examinar.

De modo más acentuado, el reforzamiento de la supervisión prudencial fue exigiendo el mantenimiento de un régimen informativo a la autoridad de contralor (el propio Banco Central o la Superintendencia de Bancos) cada vez más detallado, a suministrar de modo cada vez más frecuente (vgr. balances trimestrales y mensuales). La información contable es requerida en gran cantidad de casos con dictamen de auditores externos. Por otra parte la información no se limita a las cuestiones contables y extracontables para el seguimiento del cumplimiento de la normativa de liquidez y solvencia, sino que también incluye al régimen de clasificación de deudores con destino a la Central de Riesgo.

De esta manera, la barrera de ingreso al circuito institucional en los últimos años dejó de estar representada principalmente por el capital mínimo, sino más bien por la capacidad para absorber los altos costos operativos que exige la supervisión prudencial: informatización de la administración, contratación de personal con alta calificación profesional y de auditorías externas, etc. Por un lado es cada vez más evidente que dichos costos no pueden ser fácilmente soportados por las entidades pequeñas del circuito informal que tienen reducido volumen operativo.

Por otro, también es cierto que cuando adquieren significación en el mercado, tampoco tienen incentivos para institucionalizarse, no sólo por estas razones sino también por las normas de crédito que ponen trabas a la financiación de los sectores informales de la economía. Y aquí tenemos que tener presente otra realidad latinoamericana, la importancia de dichos sectores informales en la economía real. La conducta de los organismos internacionales de crédito pone de resalto las dificultades para abordar el problema.

Cuando diseñan planes de apoyo al sector financiero exigen que se encuadre dentro de los estándares internacionales, pero cuando crean programas de asistencia crediticia para determinados sectores sociales, eligen como canales de distribución a las financieras no institucionales porque son las que pueden llegar con mayor facilidad a ciertos segmentos de población de reducidos ingresos, a los cuentapropistas y a las pequeñas empresas. Por ese motivo, en nuestros países las entidades financieras no institucionales por lo general tienen especial peso en determinados segmentos del mercado, como es el caso de la Argentina, donde además algunas de ellas, como las de carácter cooperativo, gozan de preferencias tributarias.

El problema se configura porque a partir de cierto estadio de desarrollo esos prestamistas dejan de operar con capitales propios y para proseguir su expansión, comienzan a intermediar fondos. Al acudir al ahorro público, ponen riesgos sistémicos en el mercado. Y precisamente para mantener controlados dichos riesgos es necesario establecer regímenes de normas y de supervisión prudencial exigentes.

Propuestas:

. En la medida en que parte significativa del crédito se canaliza fuera del circuito institucional, el Banco Central pierde control sobre la política financiera, ya que como se señaló anteriormente, los prestamistas se transforman progresivamente en intermediarios. A la vez, la Central de Riesgos del sistema bajo control de la autoridad, pierde representatividad, poniendo en riesgo a aquél. Además se generan tensiones desequilibrantes en el mercado, ya que hay sectores del mismo donde concurren el sistema financiero institucional y el no institucional con desventajas competitivas para el primero.La habilitación de estas entidades para captar depósitos podría también ser de carácter gradual, lo que posibilitaría a la autoridad supeditar el acuerdo final a la observación de su desempeño. Esto le daría seguridades a la Superintendencia, lo que cobra especial importancia en los países en los que rige un régimen de garantía parcial de los depósitos.

FUENTE.- www.google.com

CADENA DE VALOR

guadalupe. @ 18:39

La Cadena de Valor es una profunda Red de Valores

Editorial

Cada vez que hacemos referencia a los procesos o actividades de una empresa, ordenados a contribuir a la creación de valor a lo largo del ciclo de vida de un producto o servicio, estamos hablando de que la organización pone en marcha una cadena de creación de valor.

Así, un trozo de mineral bruto pasa tras muchos procesos a ser una pieza forjada, mecanizada y pintada que luego –junto a otros elementos- se transforma en una parte vital de la suspensión de un automóvil. Aquí no quedan dudas de que se ha cambiado el valor inicial, se lo aumentado notablemente. Incluso al punto tal que se puede hablar, en muchos casos, de un verdadero proceso de multiplicación de valor.
Ahora bien, aunque se pensaran los procesos de la forma más lineal y simple posible, todos sabemos que sobre ese trozo inicial de mineral bruto han actuado un sinnúmero de procesos sucesivos o simultáneos que han logrado darle utilidad y valor.

La inteligencia humana (posterior a la generosidad de la naturaleza) ha desarrollado cada una de las etapas de transformación del mineral en esta pieza compleja. Podemos decir, entonces, que lo que en definitiva se ha hecho es agregar valor sobre valor, de una manera compleja y sucesiva, a un primer elemento de valor. Primero debió haber existido un valor inicial, en este caso la materia prima a extraer –Capital Ambiental-; luego es necesario saber qué y cómo hacer algo con ella, y aparece el valor inteligencia, conocimiento y trabajo –una parte vital del Capital Social-; y sobre ellos los recursos que permiten que los proyectos se hagan realidad, se construyan las maquinas y las herramientas necesarias, las fábricas, se pague el valor del trabajo humano, etc. -Capital Económico y Financiero-.
Es decir que una cadena de valor siempre supone la intervención necesaria y oportuna de una serie de factores claves, que emanan a su vez de una tríada proveedora, cuyas partes no pueden sustituirse o reemplazarse entre sí. Así, reconocemos que hace falta una triple existencia de fuentes de valor para crear valor.
En esto radica uno de los puntos germinales de la RSE. Tal como se la entiende y concibe hoy, la creación de valor, si es inteligente, si es responsable, si es honesta, debe cuidar, tributar, sostener y acrecentar esas fuentes. Por lo tanto, Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es gestionar cuidando el necesario equilibrio que permite alcanzar -hasta donde nos sea posible como personas y como generación- una Triple Creación de Valor en lo que hacemos a diario.
Actuar obviando la existencia de esta triple fuente esencial puede permitirnos la ilusión de obtener una relativa ventaja temporal. Pero, más temprano que tarde, nos daremos cuenta que sin cuidar el Capital Ambiental y el Capital Social quedaremos presos de nuestra propia torpeza. Sin poder avanzar y, lo que puede ser peor, sin siquiera poder mantener las “ventajas acumuladas”.
Una gestión cuidadosa, que entiende la necesidad del equilibrio y por ende trata de buscar en cada decisión la forma de crear triple valor, es una gestión basada en algún tipo de creencia o consideración firme: está asentada en valores. Esos valores, que se pueden hacer visibles en cada una de las etapas de la cadena de creación de valor de una empresa, son los que están por detrás de cada una de las infinitas “formas de hacer” que se reúnen y actúan sobre las cadenas de valor, que a su vez se cruzan e intercambian para crear la complejidad de bienes y servicios que hoy utilizamos a lo largo del planeta.
Ya no resulta fácil encontrar cadenas simples de valor ya que, a medida que la tecnología y los procesos se hacen cada vez más complejos, siempre concluimos en la necesidad de pensar de una manera holística, para comprender que estamos inmersos en redes. Empresarialmente hablando, en redes de creación de valor; humanamente hablando, en redes de valores.
Elegir los mejores valores, hacer que rijan nuestras decisiones cotidianas, y por tanto lograr que éstos fluyan por las redes de las que formamos parte, haciendo que mejoren y mejoremos, ¡he ahí el desafío!

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